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En una semifinal muy pareja, con dos equipos que juegan mejor cuando atacan que cuando defienden, Unión se quedó con el pasaje a la Final por el poder de gol. Ganó los dos partidos: 1-0 la ida y 2-1 la revancha y contra eso hay poco que objetar. Fue más que Independiente en el partido jugado en Oliva? NO. Fue muy superior que su rival en el choque de éste miércoles por la noche? NO. Pero a éste equipo que conduce Walter Obregón no le hace falta ejercer un dominio sobre el rival para ganar los partidos. Tiene jerarquía y sabe muy bien cuándo «sacarle el jugo» a la situaciones que se le presentan. En la villa deportiva granate, Independiente fue el que salió decidido a revertir la llave. En los primeros minutos presionó, obligó al error del fondo local y generó dos situaciones muy claras, que desperdició. La primera, al minuto de juego, que Tomás Nigro no pudo capitalizar; la segunda, antes de los 15 minutos, que Matias Meloni no pudo definir con exactitud. En contrapartida, Unión llegó dos veces, una dio en el palo y la segunda terminó adentro. Nadaya estrelló su cabezazo en el travesaño en la primera chance clara y en la segunda, Rafael Caricio volvió a ser el verdugo de Independiente y entrando al área conectó al gol. Iban 17 y Unión con eficacia aplacaba el empuje inicial de Independiente.
La visita evidenció problemas defensivo en el lateral izquierdo y Unión, con Margaritini y Joel Rodriguez atacando por ese lado, le sacó provecho. Todos los ataques profundos del local se iniciaron por ese lado y cada centro era un suplicio para el fondo de Independiente. Finalizando el primer tiempo, Carletti decidió «solucionar» un problema por demás evidente y mandó a cancha a Marcos Beltramone por el pibe Rosa, reordenó la defensa y trató de no «sufrir» tanto. Pero Unión no te da respiro. Iniciando el complemento aprovechó muy bien una contra y Caricio volvió a ser gravitante. Se fue sólo por izquierda, intentó eludir a Casagrande y el «Pato» lo tocó abajo. Penal, que el infalible Nadaya cambió por gol. Las aspiraciones de Independiente se hicieron trizas ante el oportunismo granate y aunque quedaba mucho por jugarse, parecía imposible revertir semejante diferencia. Pese a ello, la visita se levantó y siguió buscando hacer un gol. Mucho tuvo que ver el aliento de su público, que alentaba y alentaba desde su costado como si el equipo fuera ganando. Esa fuerza externa le permitió creer que podía y a los 27 minutos Facundo Oviedo, con notable definición, consiguió el premio a no bajar los brazos. Fue un partidazo, como el que se jugó en Oliva, con un equipo que sabe muy bien cómo lastimar y no te perdona, y otro que jugó en gran nivel, dando lo máximo que tiene y murió de pie. Pasó el más efectivo y está bien.
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